siestita

Llueve y aunque me abrigue son esos días donde te duele hasta el hueso.

Llueve y extraño las tardes eternas de mates sentados en la cama, hablando de todo, hablando de nada. Las competencias de fichines, los juegos de mesa, los duelos de magic, probando mazos, haciendonos trampa, provocando al otro para terminar comiéndonos a besos entre risas.

Llueve y extraño, pero no te extraño a vos. Extraño el sentimiento, extraño el contexto.

Llueve y se me ensucian los anteojos, pero no me los limpio porque no hay nada que quiera ver hoy. Nada que pueda ver.

Llueve y camino por la ciudad, perdiéndome en la mirada de los extraños que me miran pero no me ven, que no saben quién soy, qué siento, qué me pasa. Que no les importa. Porque en la calle soy una sombra más. Con el pelo adornado con frizz y la cara con pecas de agua camino medio sin rumbo. Sé a donde voy, lo que no sé si tengo ganas de llegar, o fuerza. O si tiene sentido intentarlo siquiera.


Llueve y me inunda ese abrazo, el que inició todo, con una promesa de comerte la boca que se tradujo en un beso tímido en la comisura de tu boca, casi robado, como pidiendo disculpas.

Llueve y me río en la calle, entre extraños que no entienden, porque no saben quién soy, qué siento, qué me pasa. Pero que cuando río les genera intriga.

Llueve y tengo la cama vacía, tranquilamente podés venir a dormir una siestita.
O dos.
O mil.

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