12
Continué observando minuciosamente los restos, absorta en mis pensamientos, intentando hilvanar ideas, planes. Intentando de alguna manera escapar de esa situación. Tanto es así que no pude evitar lo que ocurrió a continuación. Simplemente no lo ví.
Un grito de Leona me invitó a voltearme, tres hombres la sacaban de la camioneta como en cámara lenta. Desenfundé la 9mm y gatillé. El seguro estaba puesto. Bajé los brazos para quitarlo. Volví a levantar la vista y el arma. Una figura se recortó ante mí, obstruyendo mi visión. Recuerdo que sólo tenía 12 balas. Era él y yo. Gatillo una vez más. El cuerpo se desarma. 11. Corro los pocos metros que me separaban del vehículo. Gatillo. De las tres figuras que sostenían a mi hermana una cae. 10. Los dos hombres comienzan a correr, con la pequeña en andas. Mis dedos aprietan incesante el frío metal mientras los persigo. 9. Leona grita con desesperación. 8. El sol me ciega pero sigo adelante. 7. 6. Escucho las balas impactar contra un vidrio. 5. El calor me quema por dentro, respiro enormes cantidades de aire caliente, me cuesta correr. 4. El hombre que llevaba a mi hermana desaparece, no logro frenar a tiempo, me tropiezo al alcanzar su cadáver en el cemento. 3. La otra figura sigue corriendo, como si nada hubiera ocurrido. Como si el plan siguiera en pie. Con una mano me ayudo a levantarme. Leona se aferra a mi pierna derecha y rompe en llanto. Apunto a la sombra que se aleja. El sol me quema y ya no veo. 2. Escucho a lo lejos el cuerpo golpeando contra la superficie. Pesado. Gruesas lágrimas recorren mi rostro, continúo ciega, y me agacho buscando a la pequeña a tientas. La abrazo con fuerzas que ya no tengo y la escudo entre mis brazos cansados. Su lamento parece no tener fin. Segundos después logro abrir los ojos. Caigo en cuenta de todo lo ocurrido, y pienso en Tomás. Mi mirada busca la suya, en la camioneta. A un costado, al lado de ella, a medio camino. Busca su rostro conocido. Pero donde estaba la camioneta no hay más que polvo. No está ella, no está él. “Estamos solas” pienso. Y esta vez el pánico se apodera de mí, por completo.
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