Aterrada

 Conocí la paz en tus brazos. La guerra había cesado, el polvo se había asentado, la sangre se secó sobre mi piel y llegaste, ni estoico ni triunfal, solo llegaste.

Como perros escondidos lamimos nuestras heridas y sanamos. Aprendimos a tratarnos, con pasos erráticos como los de un infante. Erráticos pero nunca con odio. Lastimarnos nunca iba a ser nuestra intención, de todas las promesas era la única que podíamos complir, y posiblemente la mejor.

Conocí la paz en tus brazos mientras la brisa me cantaba mil canciones al oído, mientras los pájaros, curiosos pero no temerosos se acercaban a nosotros. Mientras los arroyos fluían como la sangre adentro nuestro. Mientras nuestros corazones latían fuera de control, solo porque estábamos cerca.

Conocí la paz en tus brazos y fue lo mejor que pude sentir y lo más aterrador, porque la idea de que termine me arrebataba todo.

Espero mi paz se encuentre con la tuya en este camino, con pasos erráticos todavía y aterrados.

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