De chica no jugaba con muñecas, y si lo hacía, mis muñecas siempre resolvían crímenes, viajaban a tierras extrañas y destruían imperios. Nunca se casaban. La experiencia de mis padres me había dado suficientes razones para entender que domar dragones iba a ser más fácil que encontrar a alguien que me quisiera. Con el correr de los años, mitad por falta de hegemonía, mitad por falta de interés construí a mi alrededor una coraza. Me dediqué a cosechar otros vínculos. Y así crecí, esquivando promesas de papel. Estudiando de día y llorando de noche. Trabajando de día y llorando de noche. Dibujando de día, jugando de día, editando de día. Llorando de noche. Pero en algún momento empecé a creer, algo en mí me hizo pensar que a lo mejor no era que yo estaba mal sino que no había encontrado a ese alguien. Miles de experiencias ajenas, miles de cartas, miles de gestos en redes sociales, fotos, canciones. El orgullo con el que se mostraban muchos. Si había tanto amor para dar ¿por qué no iba a h...
-. Así que esto es todo? - Pregunté, mientras tenía la mirada perdida en el suelo, no podía mirarlo a los ojos. -. Eso parece - Respondió cortante. Gruesas lágrimas recorrían su rostro sin intentar ocultarse. En el fondo ambos sabíamos que era lo que teníamos que hacer, pero mi mente no podía evitar repasar cada momento, qué fue lo que hice mal? Qué fue lo que hicimos mal? Podría alguno de los dos haber evitado esto? Hubiese cambiado? Sentía que lo había dado todo y aún así no había sido suficiente. "Tal vez yo no soy suficiente". La mirada perdida en el piso y el corazón roto en mil pedazos. Objetivamente sabía que era la decisión correcta, lo mejor para ella, lo mejor para él. Lo mejor para ambos. Pero aún así le dolía. Y cómo.
Conocí la paz en tus brazos. La guerra había cesado, el polvo se había asentado, la sangre se secó sobre mi piel y llegaste, ni estoico ni triunfal, solo llegaste. Como perros escondidos lamimos nuestras heridas y sanamos. Aprendimos a tratarnos, con pasos erráticos como los de un infante. Erráticos pero nunca con odio. Lastimarnos nunca iba a ser nuestra intención, de todas las promesas era la única que podíamos complir, y posiblemente la mejor. Conocí la paz en tus brazos mientras la brisa me cantaba mil canciones al oído, mientras los pájaros, curiosos pero no temerosos se acercaban a nosotros. Mientras los arroyos fluían como la sangre adentro nuestro. Mientras nuestros corazones latían fuera de control, solo porque estábamos cerca. Conocí la paz en tus brazos y fue lo mejor que pude sentir y lo más aterrador, porque la idea de que termine me arrebataba todo. Espero mi paz se encuentre con la tuya en este camino, con pasos erráticos todavía y aterrados.
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