escondida

a la mañana siempre me gustó levantarme y hacer ruido,
como si mi deber fuese despertar al mundo entero.
levantar las persianas y poner música,
cantar y bailar con la perra.

hoy me levanto sigilosa,
cierro la puerta de la cocina antes de poner la pava
y corro en puntas de pie hasta la pieza para tomar mates.

escondida.

a la noche siempre volvía con una sonrisa,
planeando la cena en mi mente
y recapitulando todo lo que les iba a contar a mis amigos.

hoy lo hago cabizbaja,
llego y voy directo a la pieza a dejar mis cosas
o no llego porque armé planes,
justo.
para zafar.

la peor parte de todo esto es esa sensación
de no querer volver a tu casa,
ese nudo en el estómago,
tan desagradable y familiar a la vez.

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