Los dos mejores meses de mi vida. Capítulo 1

 Si me hablás de coordinación
te digo que viniste al lugar indicado. 


Día 1: En el depto circulaba una vibra gigante de sexo casual. En mi primer noche acá, Fede (amigo hace diez años, con quien compartí demasiadas aventuras, demasiadas fisureadas) y Gala (una piba que conocí dos o tres meses antes de mudarme y con quien conectamos de una forma intensa e increíble) me aseguraron que mi vida mononormada había terminado y, a través de un pseudo ritual en el que me frotaron los brazos (según ellos) me pasaron sus energías libidinosas. Aunque excéptica al principio, me sorprendió que funcionara tan bien.

Día 3: Fede no cenó en casa. Yo me bajé una app de citas. Me dio vergüenza y la eliminé.

Día 5: Me bajé, de nuevo, la app de citas. Tanto Fede como Gala cenaron afuera. Yo me cociné y me puse el pijama, durante la cena, con alguna serie que no recuerdo de fondo, armé mi perfil y eliminé la app.

Día 6: Cenamos los tres juntos, miramos una peli. Me fui a la cama después de charlar un rato, me bajé otra app de citas, armé mi perfil y la eliminé.

Día 9: Volví caminando del laburo mientras me fumaba un porro. Llegué a casa y me miré una peli tomando un helado vegano que venden cerca de casa. A la noche me volví a bajar la app, le cargué algunas fotos y completé mi descripción. Abrí Instagram, ahí sigo a un pibe que me atrae hace años, mis amigos lo conocen como "el pibe que escribe lindo", en sus stories había subido un gif medio picante a mejores amigos. Le reaccioné y aunque apenas me respondió con un emoji, esa noche no necesité la app para nada, pero lo pensé a él un montón.

Día 10: Me desperté a la mañana y abrí la app, empecé a chusmear mientras me hacía unos mates. La app te avisa cuando alguien gusta de vos, me fijé y era Gala. Matcheé con ella para cagarnos de risa un rato, fue el único match que tuve en esa app.

Día 12: Poco antes de separarme de mi ex retomé contacto con un grupo de amigos de la secundaria con el que había estado distanciada. En ese grupo había un pibe un tanto hegemónico que me gustaba bastante. Hace diez años, en un boliche genérico de costanera, entre alcohol y confusión, ese pibe me dio un beso. Pero éramos chicos y todo quedó ahí. Cuando se enteró que me separé me escribió y con una mala excusa me invitó a salir. Acepté, cenamos y retomamos ese beso que estuvo congelado una década. Se sintió bien y se sintió raro, quedamos en volver a vernos, aunque yo tenía mis dudas. En la vuelta a casa abrí instagram y después, aburrida, abrí la app de citas. Le di like a un par de personas sin suerte y me puse a escuchar música mientras miraba por la ventana.

Día 14: Matcheé con una piba en la app, parecía copada, era vegana y cocinera. Hablamos un rato, medio distanciado, en determinado momento de la tarde me clavó el visto. Supuse que me iba a volver a hablar. Pero antes de acostarme me conecté y no tuve novedades de ella.

Día 16: Matcheé con un pibe en una app, parecía divertido. En realidad me respondió a algo divertido que había puesto yo y como la charla fue interesante, la seguí. Me invitó a salir, le dije que no buscaba absolutamente nada y me dijo que no había drama. Igual ese día yo me veía con un amigo que había vuelto de España por un finde. Así que no se dio. Cenamos en una hamburguesería en Palermo, con él y dos amigos más. Y aunque hacía años que no nos veíamos y la partida a España había dejado algo áspero entre nosotros, parecía que nos habíamos visto ayer. La piba nunca me volvió a contestar.

Día 19: Volvimos a vernos con el pibe hegemónico, cociné esta vez, miramos una peli y dormimos juntos. Separados, inconscientemente le di la espalda, por suerte la cama era grande. No estuvo bien ni estuvo mal, no me sentí mal pero tampoco sé si podría decir que me sentí bien, por dentro me pregunté si esto iba a ser así de acá en adelante. Me resultaba difícil y un tanto forzada la intimidad. Fría y poco interesante. En un momento me pregunté por qué no me había quedado en casa. Una paja hubiese sido más concreta, satisfactoria y bueno, al final de la paja si te das vuelta no ofendés a nadie. Supuse que toda esa situación era por la reciente ruptura, por los últimos meses (larguísimos) de vacíos emocionales, veinte días después me di cuenta de que no. Que no era por mi ex, que no era por este pibe, pero que menos era con él.

Día 20: Un lunes feriado que me resultó eterno culminó con una cena por el cumpleaños de una de mis hermanas. Durante la cena, vi una publicación de instagram de el pibe que escribe lindo, la comenté e intercambiamos comentarios un rato. En un momento, porque la charla ameritaba, le tiré los primeros cuatro números de mi celular en un comentario, haciéndome la graciosa. Por privado le mandé los otros cuatro, porque a esta altura ya no tenía lugar en el estante para las tibiezas. Me escribió, yo estaba en las nubes, tan así que antes de agendarlo me cambié la foto de perfil, hablamos 10 minutos y de repente me clavó el visto. Releí los mensajes, cuestionandome si había sido muy intensa, muy regalada, muy algo. Nada me saltó ninguna alarma, pero la idea había sido plantada. De todas formas supuse que se había quedado dormido o que estaba ocupado, que me iba a hablar más tarde, o al otro día. O no.

Día 23: Matcheé con una piba en la app, aunque había puesto límite de edad de 27 años me aparecía gente mucho más chica, esta piba fue una de esas. Los chicos la apodaron "la bebi". A mí la edad no me importó demasiado, hablamos, era tatuadora e ilustradora, parecía buena piba. El pibe que escribe lindo no volvió a hablarme.

Día 25: Quedé en verme con el pibe de la app, fuimos a tomar una birra a un bar cerca de casa. Era happy hour y pedimos dos. ¿Dos pintas? No, dos happy hours, claro. Pedimos la primera tanda, yo me pedí una IPA, hace años que no tomo otra cosa, él no me acuerdo qué pidió. Charlamos banda, en el medio le aclaré que yo no estaba buscando nada y me dijo que él tampoco, pegamos mucha onda y en un momento empezamos a jugar a mi juego favorito en un bar: descubrir a las parejas que están teniendo una primera cita. Pedimos unas papas y tomamos la segunda tanda de birra, hablamos algo más y quedamos en vernos. Cuando llegué a casa chequeé el celu solo para confirmar que el pibe que escribe lindo no me había escrito, tenía un mensaje del pibe de la app, pero le clavé el visto y me fui a dormir.

Día 26: El pibe de la app me escribió para vernos, entre los mil planes que tenía esa semana y que muchas ganas tampoco había no pudimos. Volví a aclararle que no quería nada, me dijo que él tampoco, que cuando se diera nos podíamos ver. El pibe que escribe lindo no volvió a escribirme y supuse que en esa había quedado. Entré a confirmar lo mucho que me gustaba su sonrisa en su foto de perfil y borré la conversación de whatsapp.

Día 27: Quedamos en vernos con el pibe de la app, ibamos a vernos temprano pero era el cumpleaños de mi abuela así que nos íbamos a ver a la vuelta. Estaba super insistente él, a mí la verdad es que no me mataba la idea de volver a verlo, pero no tenía grandes opciones y posta, estaba muy insistente. Igual volví re tarde a mi casa, las reuniones en lo de mi familia siempre terminan a cualquier hora, ansiaba mucho llegar y dormir sola así que le cancelé. Creo que un poco le jodió, pero a mí me dio igual. Quedamos en vernos al otro día. Ese día matcheé con un chabón muy alto y hablé con la bebi.

Día 28: Me escribió Iván, un colega de la facu, para grabar un video que habíamos colgado hacía unas semanas y necesitaba presentar. Yo salía tarde de un curso que estaba dando pero le dije que sí, cenamos una pizza que nunca me pagó y grabamos hasta la 1am. Habíamos quedado con el pibe de la app pero le cancelé sin esperar respuesta. Quedamos en vernos al otro día.

Día 29: Después de un día eterno en el laburo y de continuas insistencias del pibe de la app quedamos en vernos a la tarde, un rato, a la noche yo tenía un compromiso. Nos habremos visto dos horas y compartimos un porro. En un momento mencioné que no quería nada, otra vez. Camino a mi compromiso tomamos el mismo bondi y el chabón estaba re mil gomazo abrazándome y queriendo robarme besos en una complicidad que no existía. Que paja la gente que no sabe leer el cuerpo del otro. Por suerte el viaje fue corto, me bajé del bondi sin mirarlo y retomé mi vida. Nunca entendí si ese porro me hizo malviajar o solo fue el pibe. El chabón muy alto me escribió pero yo estaba de malhumor y le clavé el visto.

Día 30: Salí de casa tipo 9am con un mensaje del pibe de la app preguntándome si me podía hacer una pregunta. Suspirando, como si fuese adivina, accedí. Me preguntó si no quería algo serio con él, porque él la pasaba muy bien conmigo y otros argumentos que no sé si no me acuerdo o no valen la pena resaltar. O los dos. Detesto a la gente que se enamora de la idea de enamorarse. Si era yo o el verdulero de Balbín y Congreso le daba exactamente lo mismo. Aunque desde el momento cero yo había aclarado no querer nada me tomé el tiempo de volver a aclararlo. Durante una hora intercambiamos argumentos, se contradecía mucho "No, yo tampoco quiero nada" no es muy amigo del reclamo, al menos en mi mente. Y menos viniendo de alguien que conocía hacía diez días! Honestamente me pareció todo un montón. Y del malo. En determinado momento me dijo que "fue un gusto conocerte, te deseo lo mejor". Fue la primera vez que me dejaron, y fue por mensaje de texto. A la noche el pibe que escribe lindo subió otro gif a mejores amigos y le reaccioné. Intercambiamos algunas palabras y, como si nada más hubiese pasado en el día, lo volví a pensar muy fuerte antes de dormirme.

Día 31: Iba caminando, volviendo de dar clases en microcentro, muy absorta en mis pensamientos, cuando me pareció cruzarme con el pibe que escribe lindo. Ese al que le había pasado mi teléfono, ese que me había clavado el visto para no contestarme más, ese que me reaccionaba a los stories y me tenía en mejores amigos pero no me daba más cabida que la necesaria, ese al que me costaba leer y me gustaba tanto. Era imposible de confirmarlo porque nunca lo había visto en persona, pero un rincón de mí estaba completamente segura. Agarré el celular para escribirle pero me contuve. Si nunca me había contestado, ¿qué iba a querer saber él de mí? La sonrisa se me borró rápido de la cara y retomé mi día.Esa noche, cenando, con Gala juramos que no íbamos a volver a enamorarnos, que íbamos a vivir nuestra soltería plenamente y no íbamos a ceder ante la presión de pareja. "Ya fue, boluda" le dije. Habiendo nadie en el horizonte y teniendo cero ganas de comprometerme en el garrón de una relación estaba completamente entregada a la idea de, a lo sumo, generar un vínculo abierto. Basta de promesas, basta de dependencia emocional. "Ya fue, boluda" me dije.

Día 32: Salimos con Fede y Gala a un bar, tras la promesa de una amiga de pasarla increíble caminamos veinte cuadras, no había comida, el lugar era mínimo, la gente super rara y volvimos re mamados a casa. Gala matcheó con un pibe con el que no pudo dejar de hablar en toda la noche. Quedaron en verse el sábado. Borracho, el pibe que escribe lindo me invitó a dormir con él. Borracha lo rechacé, no se si por vergüenza o por decencia, y aunque un tanto arrepentida, me pareció lo mejor. En el fondo tenía miedo de estar rechazando mi única oportunidad, así que lo arengué a vernos otro día, prometiendo que le iba a comer la boca apenas lo viera. Propuso el sábado y acepté.

Día 38: Los días hasta el sábado pasaron como si fuesen líquidos. Me desperté muy temprano a la mañana para googlear bares y le mandé un par de opciones, no trasmano de mi casa, no trasmano de la suya. El pibe que escribe lindo me confirmó el lugar y el horario. Nos íbamos a ver a las 20hs. El bar que había elegido era cerca de casa, tenía buena comida, birra artesanal y fichines, por si yo le resultaba poco interesante. Me puse unas botitas altas, porque sabía que él era muy alto, una camisa que jamás me había fallado y un pantalón que combinaba perfecto. Salí con exagerada anticipación y el colectivo tardó tanto en venir que, decidí tomarme un Uber. Ya estaba en camino cuando le escribí "El nivel del ansiedark que manejo" en un mensaje. Dudé en enviarlo pero al final lo hice. Me agradeció, asegurando que se sentía igual que yo. Nerviosos como adolescentes, sin razón. Llegué primero y busqué una mesa. Presa de una ansiedad que me quebraba la respiración me senté a esperarlo. Hacía años que no me sentía así, en todos los encuentros que había tenido en esos últimos meses siempre había sentido plena confianza, yo tenía las riendas de la situación en todo momento, jamás dudé. Y sin embargo ahí estaba, sentada en un banco tan alto que mis pies no tocaban el piso, solo bailaban nerviosos en el aire. Prendía y apagaba la pantalla del celular, quería hablar con mis amigos pero no quería tener el celular en la mano cuando él apareciera. Tampoco quería estar en instagram, o en la app, o jugando al solitario. Así que me limité a mirar una pantalla colgada en la pared sin ver lo que en ella estaba pasando. Esta vez el tiempo se me hizo espeso, aunque no habían pasado ni diez minutos cuando lo vi entrar al bar.

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