fragmento de El Incidente, 2013

   Cerró los ojos un instante, cansada y hambrienta de recuerdos. Numerosas grietas decoraban sus párpados, oscuras como sus ojeras. Entre húmedas lágrimas y un incesante temblor en sus dedos la volvió a ver. Leona corría en una plaza, donde el pasto era verde. Se escuchaban hacia los costados decenas de otros niños jugando, con sus barriletes, autos y ositos. Su hermana, de no más de 5 años, corría sonriente hacia ella. "Eva!" exclamó, mientras agitaba su pequeño puño en el aire. "Tengo un regalo para vos". Cuando abrió la mano en ella descansaba una pequeña piedra, perfectamente redonda y gris. Sus suaves dedos rozaron los de su la niña cuando le dejaron la piedra en la mano. Una mano joven y llena de vida, una mano que tenía las uñas mal pintadas. Cuando quiso volver a mirarla Leona estaba flotando en la pileta del patio, salpicando agua a su madre, que intentaba atraparla. Hacia la derecha su padre y preparaba un asado mientras que Tomás, su hermano, leía un libro a la sombra. El verano recién comenzaba, y el aire olía a paz. "Mirá.." Susurró, la pequeña, con un dibujo extendido en sus brazos. Era invierno y llovía, no podían salir de casa pero habían estado toda la tarde dibujando. Eva miró el dibujo, eran montañas atravesadas por un colorido arcoiris. Levantó la vista para mirar a Leona pero ahora su hermana se acurrucaba en una manta en el piso sucio de un galpón, a oscuras, cubriendo sus oídos para ahogar las voces que manaban a borbotones desde el exterior, atormentándola durante los días y por las noches. Eva quiso tocarla, pero sus manos no hallaron nada; abrió los ojos y el campamento la devolvió a la realidad, al calor, a la luz.

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