Arder

-. ¿Te vas a ir?

    Sentada en el piso frente al hogar tímidamente encendido, de espaldas a él, la chica susurró cuatro palabras, lo suficientemente fuerte como para que él las oyera, lo suficientemente suave para que no le dolieran. Aunque sí dolían. Nova tenía la capacidad de mantener la compostura aunque su interior se sintiera en llamas, cada fibra de su cuerpo sentía dolor, el dolor inexplicable de la pérdida, la desesperación de entender que él se estaba escapando de sus manos, el vacío de saber que ya no había lugar para ella en sus abrazos. Se ahogaba en el dolor y se quemaba al mismo tiempo, pero con la mirada sostenida en el fuego mantenía su temple intacto. Nicolás dio un paso adelante, hacia ella; tenía las manos en los bolsillos, las sacó en un gesto de arrojo y las devolvió a su lugar. ¿Qué sentido tenía engañarla? Si había estado dos pasos delante suyo cada vez, Nova sabía que él había tomado una decisión, que ante todas las posibilidades esa era la que había creído mejor. ¿Pero era acaso la mejor? ¿No prefería en realidad quedarse con ella? ¿Atraparla en sus brazos una vez más para jamás dejarla ir? Ansiaba el roce de su piel, sentir su pelo enredándose entre sus dedos mientras que sus piernas hacían lo propio con las de él. ¿Qué no daría en ese momento por arrojar al vacío todas sus realidades y quedarse flotando en el éter con Nova? La realidad no iba a darle lo que ella sí podía, lo que ella sí era. Su mundo entero. Toda su razón de ser, arrodillada a metros de su cuerpo y a una eternidad de su alma, tan cerca sin poder tocarla. En especial porque no deseaba herirla, desde el día primero había procurado no hacerlo y aún así sentía que cada una de sus acciones desgarraba el corazón de la mujer que significaba todo para él. Cada una de sus acciones, cada una de sus decisiones, cada distancia y cada acercamiento. Lo desesperaba verla distante, y aún así, en el interior de su corazón sabía que nada podía hacer para cambiarlo. No podía darle lo que merecía, ni siquiera podía prometerlo.
 

   Él abrió la boca pero no pudo articular palabra, se agolpaban todas en su garganta, ansiosas por salir, aterradas por lo mismo. Quería decirle que la amaba, que era todo lo que el necesitaba, que le diera la mano y se fueran juntos, a ningun lado, a cualquier lado, a todos lados. Nova y sus palabras dulces, Nova y el calor de su cuerpo, Nova, con el pelo blanco revuelto sobre sus hombros. Nova, con el rostro lleno de pecas enrojecido. Nova, con las piernas desnudas y el alma haciendo juego. Nova, ¿quién hubiera creído que en ese mundo plagado de horrores iba a encontrar él algo tan perfecto como ella? ¿Y quién hubiera dicho también que iba a perderlo?, así sin más, sin importar lo que hiciera, sin importar lo que deseara.

-. Tengo que irme.

   Los hombros de la chica se aflojaron, se veía devastada, se sentía devastada. No quería mirarlo porque sabía que sus ojos iban a desnudarla por completo, pero ansiaba perderse en ellos, aunque sea una última vez. Sintiendo cada gramo se su peso sobre sus piernas ella se puso de pie, con la mirada fija todavía en el fuego, el pecho le apretaba, respirar era trabajoso. Sentía la presencia de Nicolás a sus espaldas y la ansiaba. Desde el interior de su cuerpo una fuerza irrefrenable la hizo voltearse, Nico tenía la mirada clavada en el piso, impropio de él, estaba hablando.

-. Puedo..


   Levantó la vista sorprendido y se encontró con sus ojos, vidriosos, reticentes, incisivos, buscando respuestas. Nova le sostuvo la mirada y fue él quien se vio obligado a desviarla, nunca nadie lo había desafiado de esa manera, con esa ferocidad. Excepto ella, que lo había desafiado cada vez. Acostumbrado, mal acostumbrado a tener siempre el control, a llevar la delantera y a visualizar cada final, con esta mujer todos los límites se desdibujaban, todas sus reglas perdían vigencia, todos sus planes parecían absurdos, todas sus certezas se volvían inciertas excepto una. Y su cuerpo, su cuerpo se movía al compás con el de ella, casi sin poder controlarlo, sin querer controlarlo. Nova dio un paso adelante, en puntas de pie para acortar la diferencia de alturas y la punta de su nariz se encontró sutilmente con la de él. Tenía los brazos cruzados en la espalda y durante un instante solo se limitó a mirarlo, fijo a los ojos, Nico sintiendo la calidez de su respiración sobre la boca, sosteniéndole la mirada con un esfuerzo sobrehumano. Nova exhaló dos veces, mientras el mundo de él se desmoronaba, exhaló tres mientras los límites de él se desdibujaban, exhaló cuatro mientras las reglas de Nicolás perdían vigencia y todos sus planes parecían absurdos. Cinco veces tuvo que exhalar para que él, sometido por completo, se abalanzara sobre ella. Apenas sus labios tocaron los suyos el tiempo se detuvo, ya no tenía importancia, nada tenía importancia. Con los dedos clavados en los muslos desnudos la levantó y aferró contra su cuerpo, ella enredó sus brazos en su cuello, en su pelo, intentando poseer todas las partes de Nicolás que pudiera. Se enmarañaron como si no hubiese otro momento que el hoy, como dos personas que se aman con la inmensidad suficiente como para no poder decirlo.

   La madera en el hogar era poca y ardería, con suerte, cuarenta minutos más. Ellos, juntos, arderían durante horas.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Dragones

Y cómo.

Aterrada