Adiós, parte segunda.

-. ¡NICOLÁS!

   Nova terminó de subir la escalera y se sostuvo en pie. Con la katana aún en su mano derecha. Regular la respiración le era dificultoso, pero sabía que él no estaba ansioso por pelear. También sabía que no iba a intentar convencerla siquiera, ambos estaban seguros de eso. Él sólo volteó y se acercó caminando. Nova lo esperó, afirmó la katana en sus manos, deseosa, determinante. Y, sin más, la soltó; con un ruido sordo el metal impactó en el suelo de piedra y se deslizó por los escalones, quedando varios metros atrás. Cuando Nicolás estuvo cerca la chica se abalanzó sobre sus brazos, él beso su frente, besó su mejilla y encontró su boca.  El tiempo se detuvo en un instante que les pareció eterno, en un instante en el que ambos hubiesen elegido vivir para siempre. Con los brazos alrededor de su cuerpo él alejó su rostro para mirarla, ella hizo lo propio. Y cuando sus ojos grises se posaron en los de él lo supo, recordó las palabras de Adrián y lo supo. "Esta relación va a terminar con vos, te va a matar. Él te va a matar." Nico la sostuvo entre sus brazos mientras que con un limpio movimiento atravesó su pecho con una daga. ¿Podría haberlo visto? Sí. ¿Podría haberlo evitado? Sí. Había sobrevivido a contrincantes más ágiles, más fuertes, a muchos más en cantidad. Pero él nublaba su consciencia, nublaba su juicio y no quiso verlo. ¿En el fondo lo sabía? No era momento de preguntárselo, su vida se estaba escapando de sus venas, en los brazos de la persona que más había amado, que más la había amado. ¿O tal vez había sido todo su imaginación? ¿La proyección de su deseo? El anhelo de vivir en otro tiempo, en otra realidad, en otra vida pero con él, siempre con él. El anhelo que había atesorado en su cuerpo, el anhelo que tantas veces había servido de combustible hoy se había terminado. Y aunque lo odiaba, aún lo amaba, y aunque no lo entendía, aún lo amaba, veía en sus ojos esa vida juntos, el anhelo que él también cargaba.
Sentía frío en los pies, mientras yacía inmóvil sobre el pecho de él, frío en los pies y calor en el pecho, el de su sangre huyendo, el de los brazos de Nicolás sosteniéndola. Él lloraba, era la primera vez que lo veía derramar una lágrima, posiblemente porque sabía que iba a ser la última. ¿Sabía él que todavía lo amaba? ¿Que nada de esto importaba? "Hubiese vivido una y mil veces tomando las mismas decisiones y hubiese muerto en tus brazos, por tus brazos, una y mil veces más." Pensó. Intentó memorizar su rostro, los mechones de pelo blanco sobre su frente, las pequeñas arrugas que se formaban alrededor de sus párpados, arrugas que evidenciaban hacía cuanto lo concía, arrugas que evidenciaban que sentía en carne viva las consecuencias de este último acto; las cicatrices, las marcas de una vida de guerra, los ojos celestes que tantas veces la habían ansiado y hoy se nublaban por el dolor de reclamar su muerte. Su boca, ¿cuántas veces más la hubiese besado? "Todas". Pensó. Y en un esfuerzo colosal, sabiendo que solo tenía una posibilidad, Nova abrió la boca y se despidió en un susurro:

-. Vas a cargar con esto el resto de tus días.

   Cerró los ojos y lo vio recostado junto a ella en el páramo, lo vio mirándola a través de un vidrio en el laboratorio, cuando aún eran niños, antes de entender que se destruirían mutuamente. Lo vio entre sueños, vio su cuerpo, sus manos, vio su boca acercarse a la suya, vio sus ojos cerrarse y la sombra de su pecho proyectarse sobre ella. Se vio junto a él presenciando amaneceres en la vieja casa, y luego ya no vio más nada.

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