Adiós

Nicolás se encontraba solo en su oficina, todos se habían retirado a sus habitaciones, los esperaba una noche sin dormir, una noche larga, no sabía si repasar el plan o recostarse, cuando la puerta rechinó a sus espaldas. El joven volteó para ver a Nova cerrarla. Nova, con el pelo blanco revuelto sobre sus hombros. Nova, quien apenas iba vestida con una camisa. Nova, con el rostro lleno de pecas enrojecido, se acercó a él sin que pudiera mover un músculo y lo besó. Las manos de la chica se aferraron con fuerza a su espalda y comenzaron a recorrerla, él solo atinó a enredar sus dedos en el pelo de ella. Podía sentir el calor de su pecho contra el suyo, el aliento contra su cuello mientras sus finos dedos desabotonaban su camisa. Nova tenía una facilidad impresionante para desvestirlo, cosa que a Nico jamás le había molestado. La chica recorrió el torso de él mientras continuaba recorriendo su cuello con los labios, sus cuerpos se movían como si fueran uno, como si todo esto hubiese sido ensayado con anterioridad. Ella continuó bajando con las manos pero él la detuvo.

-. Nova... .- Nova intentó continuar, como abstraída en el momento, pero solo encontró rechazo. Con un nudo en la garganta, y sin poder mirarlo a los ojos dio un paso atrás, acomodándose la ropa.-. Nova... .- Repitió él.

Ella levantó la vista y lo miró, sus ojos parecían de cristal, por un segundo pudo ver en ellos un abismo, una grieta abriéndose entre sus almas mientras sus cuerpos aún sentían el calor cercano.

-. Sabes que ésta podría ser la última vez, no? .- Nova parecía desesperada, no la había visto así, tan emocional, desde la muerte de Adam. Esos días habían sido oscuros, pero habían quedado atrás.

-. A qué te referís?

-. Mañana parto al norte por la madrugada, voy a pelear en la primera línea, con Zook.- Nicolás abrió los ojos sin poder dar crédito a sus oídos pero no pudo contestar con rapidez-. Qué? Pensabas que me iba a quedar en la casa? Escuchando tu plan? Estas mandando a morir a mis hermanos en una guerra que no tiene sentido, pero ellos te creen. Te siguen.- Él dio un paso adelante y ella atajó sus palabras con un dedo, mirándolo con la gentileza que la caracterizaba, él era frío y calculador, no reparaba en pérdidas siempre y cuando el resultado fuese satisfactorio, y ella lo perdonaba por eso. Sabía en el fondo que era el mejor líder que podían tener, aunque cuestionara sus métodos. Aunque no lo entendiera. -. Soy tu mejor arma, y la mejor opción que ellos tienen. No voy a quedarme de brazos cruzados viendo como nuestros números disminuyen. Porque aunque para vos sean números, para mí cada uno de ellos cuenta, cada uno es mi hermano. Y si he de morir prefiero hacerlo a su lado, como hubiese muerto al lado de Adrián.-. Las lágrimas comenzaron a desprenderse con rapidez de los ojos de la chica.-.  No estoy pidiendo tu opinión, ni siquiera que me entiendas. A lo largo de los años nuestros valores cambiaron, o tal vez siempre fuimos distintos y no supimos verlo. No lo sé. Solo se que yo no puedo quedarme a contar bajas. Mi lugar es en el campo de batalla, entre los soldados. Peleando por nuestra libertad. Es el único camino posible para mí.- Nova dio otro paso atrás y se enjugó las lágrimas con el cuello de la camisa. Nico se quedó parado, inmovil, siempre se había encontrado en desventaja ante la respuesta emocional de su compañera, él era el de los números, ella era visceral. Nova lo observó cabizbaja, intentando memorizar cada cada centímetro de ese hombre al que posiblemente estuviera viendo por última vez en su vida. En otro tiempo Nicolás había sido dulce y cariñoso con ella, pero los años lo habían endurecido y ya no encontraba en él la motivación que necesitaba. Lo recordó recostado junto a ella en el páramo, lo recordó mirándola a través de un vidrio en el laboratorio, lo recordó entre sueños, recordó su tacto, el calor de su cuerpo junto al de ella, los amaneceres en la vieja casa, su voz en el silencio, sus dedos, toda una aventura juntos que llegaba a su fin. Sin esperar algo que jamás vendría Nova volteó y se alejó de él, abrió la puerta y con los ojos cerrados conteniendo las lágrimas le dijo "te voy a amar siempre", luego atravesó el umbral y no volvieron a verse jamás.

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