Krodha - Capítulo 4
Capítulo Anterior: Krodha - Capítulo 3
-. ¿Qué es lo que te divierte de hacer esto? - Rabia se arrodilló junto a Edora, quien estaba plantando una semilla a sus pies, el pelo negro enmarañado le cubría todo el torso y se arremolinaba en el suelo. Su hermana, en cambio, lo tenía recogido atrás de la cabeza, con algunas flores.
-. No tiene que ver con ser divertido - Contestó, mientras tapaba la semilla y acercaba sus manos a la montaña de tierra, mientras esta se separaba lentamente para dar lugar un pequeño brote.- Mira a tu alrededor - Rabia se puso de pie y con una mano sobre sus ojos observió: hacia el sur y el oeste se alzaban montañas y una estepa pedregosa, hacia el norte y el este, cenizas - No hay nada vivo en este lugar salvo nosotras.
-. Culpa de los humanos - Musitó la primera.
-. Culpa de los humanos - Repitió la segunda, mientras continuaba con su metódica tarea.
Ambas llevaban varias horas recorriendo la extensión de ceniza. Edora sembraba, Rabia la acompañaba, generalmente en silencio. Las semillas se generaban en la mano de Edora como desprendiéndose de su propia materia y al acercarlas al suelo la ceniza se convertía en tierra negra, próspera para dar sustento a un nuevo bosque. Cada algunos metros, al remover el residuo gris en el suelo, hallaban el cadaver carbonizado de un animal. Ante cada uno de los hallazgos Rabia rompía en llanto, y arrodillada alzaba el cuerpo en sus brazos dándole un último abrazo, cada vez. Luego los depositaba con cuidado en la tierra nueva y con una mano levitando sobre ellos los deshacía uniéndolos con ésta, uniéndolos con el todo, porque los cuerpos ni gusanos tenían, solo la carne seca y estéril. De verdad no había nada vivo en kilómetros. Edora, esperaba paciente el ritual para hacer crecer flores sobre cada una de las improvisadas tumbas.
-. Debe ser agotador llorarlos a cada uno de ellos.
-. Debió ser más agotador morir con la carne chamuscada por el fuego. Debió ser aún más agotador morir solos. - Desafió Rabia sin mirarla, su hermana no contestó. Estaba segura de que tenía razón.
Llegando a los pies de la montaña Rabia divisó dos formas extrañas, blancas y negras, a los pies de la misma.
-. ¿Qué crees que..? - Con el corazón en la garganta se lanzó a correr, con piernas y manos, y no necesitó estar demasiado cerca para darse cuenta que eran animales. Por el color y el tamaño de los cuerpos supo que eran praedos, por el hedor y el color de los mismos, que estaban muertos.
Entre piedras y hierbajos secos, los cuerpos de dos praedos adultos yacían en el suelo, a ambos les faltaban las cabezas. El lugar era una escena del horror, la sangre, negra, estaba desparramada hacia todas las direcciones y trazaba una línea casi continua hacia la cima de la montaña. Edora se acercó al cuerpo de su hermana para consolarla, pero Rabia se mantuvo inmóvil. Sus ojos recorrieron el camino de sangre, los dos cuerpos adultos y... Las crías. Al costado de uno de los cadáveres descansaban tres crías. Los pies desnudos se le llenaron de sangre antes de que podiera tocarlos, los cachorros tenían sus cabezas, pero habían sido abiertos por el vientre de manera despiadada. Se arrodilló en la sangre negra, aún un tanto viscosa y alzó los tres cuerpos pequeños, para apretarlos sobre su pecho. "Lo siento tanto", pensó, con los ojos atiborrados en lágrimas. Se disponía a dejarlos en el suelo y comenzar el ritual cuando un movimiento llamó su atención. Bajo el cuerpo del adulto más pequeño había un hueco en la tierra. Rabia dejó a los tres cachorros donde los había encontrado y se acercó al cadaver de Sooraj. Con un movimiento de las manos lo movió sin tocarlo, dejando al descubierto una depresión en la tierra.
-. Está bien, somos amigas - Dijo, y dió un paso hacia atrás. Giró la cabeza y le dedicó a Edora una especie de sonrisa, mientras esta la miraba curiosa. - Tiene miedo - Susurró - E ira.
Del hueco en el suelo, como si fuese una especie de copo de nieve gigante, emergió una cachorra de praedo, tenía miedo y enojo en sus ojos, y el pelo erizado en el lomo. Sin llegar a medir 40cm de altura siquiera, se paró frente a las hermanas desafiante y ladró. Sin sonido. Era la cachorra muda. Rabia se arrodilló ante ella y sin hablarle le dijo "Te daré tu venganza, si me dejas amarte como a uno de los míos". La cachorra la miró y sin parpadear se sentó en el suelo. "Incluso cuando me haya ido, y me iré, mientras el sol brille alto en el cielo, mi amor por tí seguirá intacto". Rabia sonrió y apoyó su mano en la cabeza del animal, sin saber, que estaba conociendo a quien sería su mejor amiga durante mil años.
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-. ¿Qué es lo que te divierte de hacer esto? - Rabia se arrodilló junto a Edora, quien estaba plantando una semilla a sus pies, el pelo negro enmarañado le cubría todo el torso y se arremolinaba en el suelo. Su hermana, en cambio, lo tenía recogido atrás de la cabeza, con algunas flores.
-. No tiene que ver con ser divertido - Contestó, mientras tapaba la semilla y acercaba sus manos a la montaña de tierra, mientras esta se separaba lentamente para dar lugar un pequeño brote.- Mira a tu alrededor - Rabia se puso de pie y con una mano sobre sus ojos observió: hacia el sur y el oeste se alzaban montañas y una estepa pedregosa, hacia el norte y el este, cenizas - No hay nada vivo en este lugar salvo nosotras.
-. Culpa de los humanos - Musitó la primera.
-. Culpa de los humanos - Repitió la segunda, mientras continuaba con su metódica tarea.
Ambas llevaban varias horas recorriendo la extensión de ceniza. Edora sembraba, Rabia la acompañaba, generalmente en silencio. Las semillas se generaban en la mano de Edora como desprendiéndose de su propia materia y al acercarlas al suelo la ceniza se convertía en tierra negra, próspera para dar sustento a un nuevo bosque. Cada algunos metros, al remover el residuo gris en el suelo, hallaban el cadaver carbonizado de un animal. Ante cada uno de los hallazgos Rabia rompía en llanto, y arrodillada alzaba el cuerpo en sus brazos dándole un último abrazo, cada vez. Luego los depositaba con cuidado en la tierra nueva y con una mano levitando sobre ellos los deshacía uniéndolos con ésta, uniéndolos con el todo, porque los cuerpos ni gusanos tenían, solo la carne seca y estéril. De verdad no había nada vivo en kilómetros. Edora, esperaba paciente el ritual para hacer crecer flores sobre cada una de las improvisadas tumbas.
-. Debe ser agotador llorarlos a cada uno de ellos.
-. Debió ser más agotador morir con la carne chamuscada por el fuego. Debió ser aún más agotador morir solos. - Desafió Rabia sin mirarla, su hermana no contestó. Estaba segura de que tenía razón.
Llegando a los pies de la montaña Rabia divisó dos formas extrañas, blancas y negras, a los pies de la misma.
-. ¿Qué crees que..? - Con el corazón en la garganta se lanzó a correr, con piernas y manos, y no necesitó estar demasiado cerca para darse cuenta que eran animales. Por el color y el tamaño de los cuerpos supo que eran praedos, por el hedor y el color de los mismos, que estaban muertos.
Entre piedras y hierbajos secos, los cuerpos de dos praedos adultos yacían en el suelo, a ambos les faltaban las cabezas. El lugar era una escena del horror, la sangre, negra, estaba desparramada hacia todas las direcciones y trazaba una línea casi continua hacia la cima de la montaña. Edora se acercó al cuerpo de su hermana para consolarla, pero Rabia se mantuvo inmóvil. Sus ojos recorrieron el camino de sangre, los dos cuerpos adultos y... Las crías. Al costado de uno de los cadáveres descansaban tres crías. Los pies desnudos se le llenaron de sangre antes de que podiera tocarlos, los cachorros tenían sus cabezas, pero habían sido abiertos por el vientre de manera despiadada. Se arrodilló en la sangre negra, aún un tanto viscosa y alzó los tres cuerpos pequeños, para apretarlos sobre su pecho. "Lo siento tanto", pensó, con los ojos atiborrados en lágrimas. Se disponía a dejarlos en el suelo y comenzar el ritual cuando un movimiento llamó su atención. Bajo el cuerpo del adulto más pequeño había un hueco en la tierra. Rabia dejó a los tres cachorros donde los había encontrado y se acercó al cadaver de Sooraj. Con un movimiento de las manos lo movió sin tocarlo, dejando al descubierto una depresión en la tierra.
-. Está bien, somos amigas - Dijo, y dió un paso hacia atrás. Giró la cabeza y le dedicó a Edora una especie de sonrisa, mientras esta la miraba curiosa. - Tiene miedo - Susurró - E ira.
Del hueco en el suelo, como si fuese una especie de copo de nieve gigante, emergió una cachorra de praedo, tenía miedo y enojo en sus ojos, y el pelo erizado en el lomo. Sin llegar a medir 40cm de altura siquiera, se paró frente a las hermanas desafiante y ladró. Sin sonido. Era la cachorra muda. Rabia se arrodilló ante ella y sin hablarle le dijo "Te daré tu venganza, si me dejas amarte como a uno de los míos". La cachorra la miró y sin parpadear se sentó en el suelo. "Incluso cuando me haya ido, y me iré, mientras el sol brille alto en el cielo, mi amor por tí seguirá intacto". Rabia sonrió y apoyó su mano en la cabeza del animal, sin saber, que estaba conociendo a quien sería su mejor amiga durante mil años.
-. Es la última de su especie y viene con nosotras. Su nombre es Krodha.
Sigue en: Krodha - Capítulo 5
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