Krodha - Capítulo 3
Capítulo Anterior: Krodha - Capítulo 2
Sooraj despertó gracias a un leve movimiento en el hueco, hacía tres días que su sueño era entrecortado, acercó el hocico al origen del sonido y el calor en el interior lo calmó. Todo estaba bien. Pero su oído era demasiado bueno para permitirle creer eso. No pudo escuchar como el hombre apretaba sus dientes, pero lo que sí escuchó fue el traqueteo de las rocas pequeñas cayendo por la ladera de la montaña, acompañadas por varias decenas de pies desnudos, de pies, no patas. Levantó la cabeza y todo lo demás sucedió demasiado rápido.
-. ¡Son los humanos! - El aullido de Sooraj desgarró el cielo y arrancó a Chaand de su pesado sueño, que los vio bajar corriendo con desesperante claridad. Eran quince, ¿o tal vez deciseis?. La hembra levantó su enorme cuerpo y, apenas dando un efímero vistazo al hueco, lo impostó entre Sooraj y ellos. Entre los suyos y ellos. El primer ataque fue sencillo, eran solo dos humanos, eran tan pequeños, Chaand tomó a uno por el cuello y lo apretó con los dientes hasta sentir el metal de su sangre. En un único movimiento golpeó el cuerpo del segundo con el primer cuerpo inerte y soltó el cuello de uno para destrozar a mordiscos el cráneo del otro. Sentía a la adrenalina atravesar su cuerpo a golpes, derribó a dos más, también con facilidad, pero el quinto humano atravesó su cuello con una enorme faca. No sintió el dolor, solo el calor abandonando su cuerpo en forma de sangre. Y con un solo pensamiento el pánico la paralizó. El hueco. Levantó la vista para ver como los hombres seguían y seguían bajando por la ladera. El hueco. Son demasiados. El hueco. Volteó al momento en que dos humanos más le hundían las armas en su carne y casi en cámara lenta vio a Sooraj intentando sacar a sus cuatro crías de el hueco. Los bebés tenían tres días, y si bien ya medían cerca de medio metro de longitud cada uno aún no podían valerse por si mismos. Tres de ellos lanzaban alaridos a Sooraj, quien continuaba su tarea sin mirar a Chaand siquiera, la cuarta, era muda, y tenía los ojos clavados en ella. "Incluso cuando me haya ido, y me iré, mientras el sol brille alto en el cielo, mi amor por tí seguirá intacto", pensó. "Ningún humano me arrebatará eso", pensó. La cachorra de praedo continuó mirándola, inerte, mientras dos, tres, cinco humanos se trepaban sobre su lomo sanguinolento, con las facas en alto. Los intentos de Sooraj por sacar a la cría del hueco fueron en vano, los tres cachorros continuaban gritando cuando los humanos lo alcanzaron a él, tres flechas impactaron en su lomo y lo hicieron caer, empujando a la cachorra mudo al hueco. Sooraj cayó junto a Chaand que lo miraba inexpresiva, "mientras el sol brille alto en el cielo, mi amor por tí seguirá intacto", pensó él. "Nunca lo olvides", pensó ella, antes de que todo se volviera negro. Una vez los adultos estuvieron en el suelo Sardas se acercó a las crías, cuyo llanto se había incrementado.
-. Porque la tierra es nuestra y solo nuestra - Susurró, mientras clavaba un puñal en el vientre rosado de cada uno de ellos.
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Sooraj despertó gracias a un leve movimiento en el hueco, hacía tres días que su sueño era entrecortado, acercó el hocico al origen del sonido y el calor en el interior lo calmó. Todo estaba bien. Pero su oído era demasiado bueno para permitirle creer eso. No pudo escuchar como el hombre apretaba sus dientes, pero lo que sí escuchó fue el traqueteo de las rocas pequeñas cayendo por la ladera de la montaña, acompañadas por varias decenas de pies desnudos, de pies, no patas. Levantó la cabeza y todo lo demás sucedió demasiado rápido.
-. ¡Son los humanos! - El aullido de Sooraj desgarró el cielo y arrancó a Chaand de su pesado sueño, que los vio bajar corriendo con desesperante claridad. Eran quince, ¿o tal vez deciseis?. La hembra levantó su enorme cuerpo y, apenas dando un efímero vistazo al hueco, lo impostó entre Sooraj y ellos. Entre los suyos y ellos. El primer ataque fue sencillo, eran solo dos humanos, eran tan pequeños, Chaand tomó a uno por el cuello y lo apretó con los dientes hasta sentir el metal de su sangre. En un único movimiento golpeó el cuerpo del segundo con el primer cuerpo inerte y soltó el cuello de uno para destrozar a mordiscos el cráneo del otro. Sentía a la adrenalina atravesar su cuerpo a golpes, derribó a dos más, también con facilidad, pero el quinto humano atravesó su cuello con una enorme faca. No sintió el dolor, solo el calor abandonando su cuerpo en forma de sangre. Y con un solo pensamiento el pánico la paralizó. El hueco. Levantó la vista para ver como los hombres seguían y seguían bajando por la ladera. El hueco. Son demasiados. El hueco. Volteó al momento en que dos humanos más le hundían las armas en su carne y casi en cámara lenta vio a Sooraj intentando sacar a sus cuatro crías de el hueco. Los bebés tenían tres días, y si bien ya medían cerca de medio metro de longitud cada uno aún no podían valerse por si mismos. Tres de ellos lanzaban alaridos a Sooraj, quien continuaba su tarea sin mirar a Chaand siquiera, la cuarta, era muda, y tenía los ojos clavados en ella. "Incluso cuando me haya ido, y me iré, mientras el sol brille alto en el cielo, mi amor por tí seguirá intacto", pensó. "Ningún humano me arrebatará eso", pensó. La cachorra de praedo continuó mirándola, inerte, mientras dos, tres, cinco humanos se trepaban sobre su lomo sanguinolento, con las facas en alto. Los intentos de Sooraj por sacar a la cría del hueco fueron en vano, los tres cachorros continuaban gritando cuando los humanos lo alcanzaron a él, tres flechas impactaron en su lomo y lo hicieron caer, empujando a la cachorra mudo al hueco. Sooraj cayó junto a Chaand que lo miraba inexpresiva, "mientras el sol brille alto en el cielo, mi amor por tí seguirá intacto", pensó él. "Nunca lo olvides", pensó ella, antes de que todo se volviera negro. Una vez los adultos estuvieron en el suelo Sardas se acercó a las crías, cuyo llanto se había incrementado.
-. Porque la tierra es nuestra y solo nuestra - Susurró, mientras clavaba un puñal en el vientre rosado de cada uno de ellos.
Sigue en: Krodha - Capítulo 4
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