Krodha - Capítulo 2

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2


   Sardar y Syeda regresaron al campamento antes de que el sol terminara de caer. Decenas de tiendas de madera y cuero se extendían hacia el sur, rodeando una enorme fogata en el centro. Sardar se paró sobre una roca al pie del fuego y con un grito agudo llamó la atención de los demás.

-. Roz bakhair, hermanos - Los humanos comenzaron a agruparse alrededor de la fogata, expectantes a las palabras de Sardar. Los varones ocuparon lugares alrededor del fuego, mientras que las mujeres llevaban a los niños a las tiendas, solicitando silencio. Solo Syeda se mantuvo cerca, detrás de su compañero y con la cabeza gacha. - Tengo la ubicación de las dos bestias que avistaron Zawar y Usman esta mañana. - Sardar señaló a dos hombres que asintieron con la cabeza, ambos llevaban el pelo recogido en trenzas y pantalones de cuero - Están débiles y solos, a una corta caminata de distancia, en dirección al bosque hecho cenizas. No tienen comida ni se han movido del lugar, puede que hasta estén heridos. Uno de ellos, no se movió de la base de la montaña siquiera - Los rostros de los humanos parecían iluminados. - Atacaremos esta noche, y desterraremos de una vez por todas a estas bestias de la faz de la tierra. Porque la tierra es nuestra y solo nuestra. ¡Həmari zəmin!

-. ¡Həmari zəmin! - Rugieron todos al unísono.

Sardar bajó de la roca y se dirigió a la tienda principal, decidido a recoger sus armas, cuando Syeda lo interceptó.

-. ¿Hoy?
-. No me cuestiones, mujer. - Exclamó él, abriéndose paso - Esta es la última noche que un praedo pisará mis tierras. Haz visto lo que les hicieron a los nuestros--
-. ¡Precisamente, Sardar! ¡No tienen estrategia!, hoy - Sardar golpeó a su compañera con el revés de su mano tan fuerte que hizo que ella perdiera el equilibrio y cayera de rodillas ante él. Atónita lo miró desde el suelo.
-. No me cuestiones, te dije - Ella comenzó a levantarse cuando él le apoyó la mano en la frente. - Como te pongas de pie va a ser tu última noche también. Hay muchas mujeres esperando para servir a su bachah - "No eres el maestro ni de tus propias ideas" pensó la mujer, pero exponerlo en palabras solo le significaría la muerte. Sardar podía prescindir de ella y elegir a otra si así lo deseaba, Syeda solo había sido unida a él respetando la tradición de la tribu, no porque ella así lo deseara, puesto que el deseo de la mujer no existía. Ella solo había sido creada por los supremos para darle cría y acompañarlo hasta su muerte y aún no había logrado ninguna. Esperaba que la segunda sucediera primero, y esta noche podía ser una gran oportunidad. Sardar tomaba malas decisiones cuando de estas criaturas se trataba, su pasado no lo dejaba pensar con claridad, había perdido a sus padres mientras estos lo defendían de una manada de praedos que atacaron el campamento cuando apenas era un niño. Y había jurado erradicarlos de la tierra. Su tierra, según él. 

   Veinte minutos luego del incidente en la tienda Sardar unió a los hombres alrededor del fuego, y tras de lanzar un aullido al unísono hacia el cielo partieron rumbo al bosque. No demoraron demasiado en llegar a la ladera de la montaña, la oscuridad no ayudaba a la visión pero el cielo estaba despejado, y el pelaje de los praedos abajo era lo suficientemente claro como para delatar su posición, ambos dormían acurrucados. Sardar, hizo una señal a sus hermanos, con los dientes apretados en una sonrisa desquiciada y los ojos sedientos.



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