Funcional

    Hacía calor, mucho calor, era una de las primeras olas de altas temperaturas de la temporada, Rabia, Altea y Edora caminaban por la playa sin hablar. A lo lejos el mar ronroneaba sereno, reflejando girones anaranjados de la única estrella visible en el cielo. El viento no soplaba, y el aire se sentía en la piel como si el tiempo se hubiese suspendido: denso, viscoso, agobiante. Edora detuvo su andar para contemplar una planta que crecía rebelde en la arena, era la única en varios metros a la redonda, apenas acompañada por unos despeinados yuyos. Rabia se sentó cerca y se tomó las rodillas desnudas con los brazos, mientras observaba al océano devorarse al sol.

-. ¿Cómo hacés para funcionar? - Altea miraba a su hermana con los ojos casi desorbitados, estaba de pie y tenía el cuerpo tieso, petrificado. Había vomitado esas palabras irrumpiendo en la tranquilidad del momento casi sin querer, casi sin poder evitarlo. Tenía los puños apretados alrededor de las mangas de su buzo, Rabia le devolvió la mirada, distraída.

-. ¿Qué?.- Preguntó, desde su lugar en el suelo, haciendo círculos en la arena con los dedos de una mano, mientras que con la otra aún se sostenía las piernas.

-. Se te está derrumbando todo alrededor y seguís adelante. ¿Cómo hacés? ¿Cómo seguís funcionando?- Edora se sentó frente a Rabia sin hablar, intentando leerla, compartiendo, sin dudas, la preocupación de la otra hermana.

-. No lo hago. No funciono.- Respondió Rabia mientras le sostenía la mirada a Altea-. De noche no puedo dormir y cuando duermo tengo pesadillas, si logro conciliar el sueño siempre dura menos de seis horas y me despierto más de cuatro veces a la madrugada, sin motivo alguno.- Suspiró, sus ojos recorrieron el camino de huellas que habían dejado con su caminata y volvieron a enfocarse en su hermana-. Me despierto con la ansiedad amontonada en la garganta y los ojos pesados, ya ni me gasto en abrirlos, me doy vuelta e intento dormirme de nuevo. Estoy tan cansada que lo logro sin problemas, pero a la hora, o a las dos, todo vuelve a empezar.- Altea se arrodilló frente a ella, recogiendo levemente el buzo para que no tocara la arena-. Me despierto todas las mañanas antes de que suene el despertador y contemplo lo inútil de mi propia existencia mirando un punto fijo. Doy muchas vueltas para levantarme, en partes porque estoy cansada físicamente, en partes porque si hay algo que no quiero es cruzarme con otro ser. Sin ofender.- Edora negó con la cabeza lentamente, ni la actitud ni la sinceridad de Rabia la ofendían-. Todo lo que hago lo hago porque tengo que hacerlo: bañarme, comer. Lo básico. Lo que sé que si no lo hago va a hacer que mi existencia sea peor. Y si no me lo pide el cuerpo lo hago porque creo que es lo que hay que hacer. Lo correcto. Lo que me va a hacer avanzar, lo que va a impedir que pierda la cabeza. Pero lo creo desde la objetividad absoluta, no es lo que quiero.- A esta altura la mano de Rabia ya había dejado un pozo en la arena, a su lado.-. Si tuviese la oportunidad dejaría absolutamente todo lo que tengo para irme a vivir al medio de la nada, alejada de todo y de todos. Sino es para siempre al menos un tiempo, un tiempo largo. No me seduce la idea de morir pero no creo que tenga demasiado sentido vivir tampoco, todos los días son aburridos, demasiado largos y demasiado cortos a la vez, todos repletos de obligaciones y malas noticias.- Altea y Edora la miraban sin pronunciar palabra-. Y lo intento, intento ser feliz, intento relacionarme y cultivar mis afectos, mis vínculos, pero cada día que pasa me siento más y más alejada y siento que son una mentira, que en el fondo a nadie le importa de verdad, que no tiene sentido interesarse, si al final de cuentas siempre estamos solos.- Cruzó sus brazos sobre las rodillas, provocando una lluvia de arena en sus piernas, y apoyó la cabeza en ellos, con la mirada perdida en los últimos vestigios del sol de ese día-. Estoy cansada, estoy muy cansada y no puedo ver si al final del camino va a estar todo bien, tampoco sé si es que no puedo verlo porque estoy cansada o porque simplemente no puedo.- Edora la miraba con los ojos vidriosos, estiró uno de sus pies, vestido de arena, y acarició con timidez el empeine de los pies de Rabia, quien la miró brevemente antes de continuar-. Y ni siquiera puedo llorar al respecto, todo está agolpado en mi garganta. Me da mucho miedo que esto sea así siempre.

    Las tres se quedaron en silencio un rato largo, Edora acariciando los pies de su hermana, Rabia con la mirada fija contemplando su propia fragilidad y Altea apretando los puños sobre sus muslos. Ninguna de las tres se animó a continuar hablando y se mantuvieron en esa posición hasta que la oscuridad de la noche las engulló por completo.

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