2019

Me preguntaste cuales eran mis conclusiones y suspiré, me preguntaste si iba a escribirlas y te dije que ya lo había hecho. Me es más fácil canalizar con letras que a través del diálogo, las letras no me interpelan, y aún así conocen mi costado más sincero, con ellas no finjo ni calculo, solo vomito. Vomito todo lo que siento como si así pudiera despegarlo de mi piel, cuando en realidad es parte de ella.

Si a principio de este año me hubiesen contado cómo iba a estar terminando hubiese reído, tal vez histérica, porque, en el fondo, ¿quién no se lo veía venir? Empecé el 2019 viviendo en un monoambiente, con mi novio de hacía tres años, con una propuesta de recibirme junto a él, con mi perra y mi gata, con un trabajo que no adoraba pero era fijo.
Con la idea de que la familia lo es todo grabada a fuego en el ser. Con una idea de quién era yo misma, enquistada en el pecho. Hoy miro hacia atrás y casi no me reconozco.

Doce meses después vivo en una casa con casi ocho ambientes, con viejos amigos y nuevos, algunos de hace más de una década, otros a los que conocí luego de mudarme. Me recibí, no gracias a mi novio, que ahora es mi ex, de hecho todo lo contrario, tres meses antes de rendir y que me dieran la grata noticia, él había abandonado el proyecto, bueno, en realidad nunca lo había arrancado seriamente. Solo me había dejado a la deriva, una vez más. A veces, cuando lo recuerdo sorprendido por querer separarme, me río. Con la distancia hasta descarada me parece su sorpresa. Me terminé recibiendo fruto de mi perseverancia y de dos personas que me permitieron ser parte de su proyecto, que soportaron mis rants y me abrazaron todas las veces que lo necesité, aún a la distancia, con un mensaje de texto. A fuerza de tererés y algunas lágrimas lo logramos, es mérito de ellas que haya aprendido a que no tengo que hacer siempre todo sola. Que a veces solo es cuestión de encontrar bien con quién.

Y si de quienes he de hablar no pueden faltarme mis amigos, mi amiga. Hace 12 años, cinco meses y veintidos días, en un cuarto al fondo de un PH en San Justo conocí a una de las personas que más me conocen hoy, y todavía me eligen. No recuerdo la vida sin ella, y si el 2019 se siente como una década atrás, la vida sin Sofi se siente como una vida entera hacia atrás. O dos. Si sé de alguien que nunca me va a faltar es ella, y aún así no la entiendo, nos separan océanos ideológicos. Pero de todas las personas que conocí a lo largo de mi vida, cuando pienso en fidelidad, es su rostro el que aparece. A lo largo de 12 meses nuestra relación mutó demasiado, Sofi se convirtió en mi monitor por un instante, haciendo chequeos y llevando cuenta de cada movimiento. Temiendo que perdiera el rumbo, temiendo lo peor. Y a lo mejor fue su presencia la que evitó que terminara de caer al vacío. No entiendo bien qué es lo que la motiva a quedarse al lado mío, pero no lo rechazo, porque haberla conocido es de las mejores cosas que me pasaron en la vida. Y aunque arranqué el año con la idea de que la familia lo es todo, mi familia nunca se enteró de cómo estaba, nunca se interiorizó, se sorprendieron un poco cuando me separé, aunque no del todo. Y tampoco se involucraron. Hace un par de años, después de una ausencia de tantos otros, decidí volver a vincularme con ellos, poner paños fríos en mi juiciosa mente y entenderlos, o al menos aceptarlos, para poder seguir adelante. Y lo hice, sí que lo hice. Pero hoy, entiendo que aceptarlos es una cosa, soportarlos es otra; por lo que elijo tener una relación políticamente correcta, sin involucrarme o involucrarlos demasiado, porque en el fondo, sé que tampoco les importa. Y las relaciones, todas y cada una de ellas, son de a dos. No los odio, no odio a nadie a esta altura, pero decido cambiar mi vínculo a uno más laxo, y verlos cuando, y sí, tengo ganas.

El 2019 me sumió en una de mis peores depresiones, de las cuales aprendí a salir a base de creer en mí, de reencontrarme, de motivarme desde adentro y bueno, de googlear cuales eran los mejores caminos a seguir. En ese tren no solo me encontré conmigo sino con una verdad enorme: estaba sola. Y qué sentido tiene estar solo cuando estás en pareja? Un día, después de estar meses presa en mi cabeza, y de intervenciones de gente que sí me amaba, decidí irme. Casi sin rumbo. Me subí a otro tren que me dejó donde estoy hoy: mucho más entera, autónoma, decidida. Si la vida tiene sentido y propósito lo desconozco, pero al menos hoy no dependo del sentido que le quiere poner otro. Duele sentir que hiciste todo lo que había que hacer y que aún así salió todo mal, Sofi dice que eventualmente me voy a desprender de ese sentimiento. Como me desprendo de todo, como me desprendo de todos. Al menos hoy no dependo del sentido que le quiere poner otro, al menos hoy estoy haciendo lo que quiero hacer.

En el medio de entonces y ahora me prometí que me iba a rearmar sola, que no iba a proyectar más con nadie, que si de vínculos se hablaba iba a ser todo casual, sin compromiso, y un día, alguien, una vez más, lo dio vuelta todo. La mayoría de las cosas que escribo en el blog son ficción, todas lo son de alguna manera. Excepto las que escribí de El pibe que escribe lindo, él existe, es real, aunque mi mente se empecine en considerarlo demasiado bueno. Con la cabeza configurada en no proyectar, empezamos a vernos y a conocernos, y me terminé enamorando (y me sigo enamorando) tanto y tan fuerte, que era imposible faltarte el respeto de esa manera, soltarte la mano, dejarte ir. Pasaron varios meses ya y seguimos sin rótulo, pero es porque no lo necesita. Teníamos tanto miedo de hacernos mal que aprendimos la fórmula para hacernos bien. Hablamos, lo hablamos todo, y desde el lugar de compañeros, ninguno de los dos juzga al otro, y cuando diferimos, nos escarbamos la mente para intentar entendernos. Y aún cuando no lo logramos, tenemos la entereza y el amor para abrazarnos y besarnos las heridas igual, porque lo que sí entendimos es que no vinimos a lastimarnos. El mundo ya nos había lastimado bastante. A diario siento que no merezco esto, que no merezco sentirme así, que no lo merezco a él. Me parece tan dulce y atento conmigo, tan amable y dedicado. Y estoy tan desacostumbrada a la atención y la dedicación que no lo entiendo, que me aterra. En general me siento una molestia, me siento insistente, pesada, insoportable. Pero no permito que eso me detenga. Todo esto es demasiado lindo como para dejarlo ir, y, de última, si todo sale mal, al menos nadie va a poder decirme que no lo intenté.

El año no terminó con él, al menos no físicamente. Sino con gente que todavía no decido si es mi gente, en un lugar que todavía no decido si es mi lugar. En su defensa, igual no hubo un solo lugar en esta tierra ni en esta vida que considerara mi lugar. Aunque sí tuve a mi gente, pero en la gente vos y yo sabemos que no se puede confiar.

Reescribí y reescribí este texto, porque dudo, porque sé quienes van a leer esto y hay partes de mí que me cuesta mostrar desnudas, porque cuando leí otras conclusiones no me sentí parte, y no quería ser menos, mostrándome como soy. Pero no soy menos, soy yo y soy esto. Supongo que eso también es parte de mí y de idealizar. Una de las marcas más grandes que me dejó este año fue que ni la vida, ni los eventos, ni la gente van a ser nunca como vos querés, como uno quiere, como uno necesita, y ni siquiera porque no quieran, lo que lo hace más doloroso. Es porque no pueden, o porque siquiera se dieron cuenta.

La mayoría de las veces a la vida vivir le queda enorme, si solo existimos.

Reescribí y reescribí y volví a reescribir, pero al final posteé esto. Creo que mi enseñanza del 2019 es un tanto esa, que tengo que dejar de juzgarme tan duro, que tengo que dejar esos malos hábitos atrás. Que no todas las personas van a lastimarme y está bien ser vulnerable y apoyarse un ratito en el otro. Que no hace falta hacer todo sola. Y que está bien ser quién soy, porque esto soy y no debería ser de otra manera.

Porque al menos hoy no dependo del sentido que le quiere poner otro, al menos hoy estoy haciendo lo que quiero hacer, al menos hoy nadie va a poder decirme que no lo intenté.
2019

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Dragones

Y cómo.

Aterrada