Entradas

Mostrando las entradas de diciembre, 2019

Ella

      El anfiteatro se erguía imponente bajo el cielo estrellado, parecía una imagen de película, como si la ciudad entera supiera que ella iba a estar presentando su obra esa noche. Titubeante, un hombre alto de contextura robusta se aventuró al lobby del lugar, entre la audiencia. Había calculado llegar unos minutos antes de que comenzara el espectáculo. Los suficientes como para verla, no los suficientes como para que ella lo viera a él. Era tan alto como para recorrer a la muchedumbre con su mirada y buscarla, recordó, por su más reciente foto de perfil, que se había cortado el pelo, y en su mente tenía grabado ese nuevo peinado. Pero no la ubicó por el pelo, sino por su flagrante sonrisa: ella reía, como tantas veces, tomándose el pecho con la mano derecha, con los ojos chinos y el pelo oscuro en la cara. A su alrededor reconoció a sus amigos de siempre, esos que había visto tantas veces. En su casa, en eventos, en bares, en la calle. Ellos, que a diferenci...

cartas

Las cartas que te escribí se apilan en el primer cajón de mi escritorio, junto a las cartas a mi perra,  porque son de esas que no va a leer nunca nadie.

Los mejores meses de mi vida. Capítulo 2.

"No querés enamorarme pero estás haciendo todo lo contrario,  infeliz"        Vi al El pibe que escribe lindo cruzar la puerta del bar justo cuando el resto de la gente se congelaba en el tiempo. Primero dobló a la derecha, los nervios me arrancaron una sonrisa, enseguida se volteó y me vio. Se acercó a saludarme y, aunque yo había prometido comerle la boca de entrada, no pude. En ese microsegundo antes de que su piel tocara la mía me invadió una inseguridad desmedida y mi gran movida se vio reducida a un tímido e insípido beso en la comisura de sus labios. Toda la confianza que me había caracterizado hasta ese momento de la vida se consumió ante su impactante presencia. Era altísimo: sentado en el banco del bar sus piernas llegaban al piso cuando las mías se balanceaban sin remedio en el aire. Se disculpó por haber llegado unos minutos después, lo noté nervioso, ¿o tal vez incómodo? Hubo algo al principio que me hizo sentir que no le había ...

Centauros

Algún día vas a entender que no nos toca elegir cómo nos ven los demás. Y que no, los centauros no viven en Oxford.

vos II

Una vez se preguntó si estaba con vos porque quería estar con vos o porque eras lo menos peor. y ese día lo cambió todo.
es desesperantemente familiar irte a dormir llorando, la conocida angustia de la incertidumbre, del sentirse inútil, de sentirse de más, desesperantemente familiar es, una vez más, no pertenecer nunca a ningún plan

palabras

Al final todos somos palabras, las que recuerdan de nosotros, las que cuentan de nosotros. nos definen nuestros actos, sí, pero el discurso es inevitable. embeleza, te convence, te atrapa, pero no te define. aunque seguís cayendo, cada mierda vez estoy hinchada las pelotas de tener que explicarte las cosas, de que no te des cuenta de lo que hace mal, de lo que lastima, ¿siempre lo mismo, viejo? ¿no era que éramos grandes? grandes te quedaron las palabras y a mí me quedó grande la ilusión tan grande como uno de tus buzos la ilusa y así sigo entrando a ver esos comentarios de mierda que sé que me van a hacer mierda porque a lo mejor eso soy adicta a mi sentimiento más común: la miseria. al final capaz solo sé sentirme miserable, porque te elegí sin pensarlo, sin ver que al final vos eras solo eso también: palabras.

Funcional

    Hacía calor, mucho calor, era una de las primeras olas de altas temperaturas de la temporada, Rabia, Altea y Edora caminaban por la playa sin hablar. A lo lejos el mar ronroneaba sereno, reflejando girones anaranjados de la única estrella visible en el cielo. El viento no soplaba, y el aire se sentía en la piel como si el tiempo se hubiese suspendido: denso, viscoso, agobiante. Edora detuvo su andar para contemplar una planta que crecía rebelde en la arena, era la única en varios metros a la redonda, apenas acompañada por unos despeinados yuyos. Rabia se sentó cerca y se tomó las rodillas desnudas con los brazos, mientras observaba al océano devorarse al sol. -. ¿Cómo hacés para funcionar? - Altea miraba a su hermana con los ojos casi desorbitados, estaba de pie y tenía el cuerpo tieso, petrificado. Había vomitado esas palabras irrumpiendo en la tranquilidad del momento casi sin querer, casi sin poder evitarlo. Tenía los puños apretados alrededor de las mangas de su...