La mujer joven
De pie, descalza sobre el rugoso cemento, vestida con un jean holgado y una camisa, combinando con lo que sentía en su interior, la mujer joven respiraba con dificultad.
No sabía a dónde dirigirse o si, siquiera, debía moverse.
A su alrededor, decenas de figuras marchaban en todas las direcciones, iban y venían, ensimismados. Muchos hablando entre ellos, riendo incluso, pero no con ella.
Reconocía sus rostros, su ropa, sus gestos. Estaba su madre, sus hermanos, todos los hombres y mujeres a las que amó y amará. Sus amigos, sus familiares lejanos, los colegas de trabajo, los compañeros de la facultad y de la vida. Todos tenían un plan, todos se veían decididos, mas no la veían a ella.
La mujer joven atinó a avanzar pero varios cuerpos le cortaron el paso, sin intención, sólo porque su camino los llevó a eso, distraídos, ensimismados. No podían verla, ni oírla. Ella se llevó un brazo a la cara, e insegura se palpó la piel, la sentía, se sentía. Intentó hablar pero solo le salió un hilo de voz, aunque si lo escuchó. Habló más fuerte pero ninguno de ellos volteó, ni reaccionó siquiera. Estaban perdidos, distraídos, ensimismados.
Pero no eran ellos los perdidos sino ella misma, la mujer joven no sabía a dónde ir y nadie parecía querer ayudarla. Anchas lágrimas comenzaron a derramarse de sus ojos, desesperadas por caer al vacío, comenzó a sollozar con fuerza, agarrándose el pecho que se desarmaba en pequeños espasmos. Pero nadie volteó, nadie la miró siquiera.
Se sentó en el cemento, abrazándose las piernas, decorando la tela de jean con oscuros garabatos, productos de su dolor. Intento calmarse, callar el sentimiento, aunque no tuvo la fuerza. Necesitaba un par de brazos que la sostuvieran esa noche, un oído que la escuchara, alguna palabra de aliento.
Pero aunque lloró acongojada durante largos minutos, durante horas, durante años, ninguno de sus afectos se acercó ni la miró siquiera. Ni su madre, ni sus hermanos, ni sus familiares lejanos, ni todos los hombres y mujeres a las que amó. Ni siquiera los que amará. Todos estaban con sus cosas, perdidos, distraídos, ensimismados.
No sabía a dónde dirigirse o si, siquiera, debía moverse.
A su alrededor, decenas de figuras marchaban en todas las direcciones, iban y venían, ensimismados. Muchos hablando entre ellos, riendo incluso, pero no con ella.
Reconocía sus rostros, su ropa, sus gestos. Estaba su madre, sus hermanos, todos los hombres y mujeres a las que amó y amará. Sus amigos, sus familiares lejanos, los colegas de trabajo, los compañeros de la facultad y de la vida. Todos tenían un plan, todos se veían decididos, mas no la veían a ella.
La mujer joven atinó a avanzar pero varios cuerpos le cortaron el paso, sin intención, sólo porque su camino los llevó a eso, distraídos, ensimismados. No podían verla, ni oírla. Ella se llevó un brazo a la cara, e insegura se palpó la piel, la sentía, se sentía. Intentó hablar pero solo le salió un hilo de voz, aunque si lo escuchó. Habló más fuerte pero ninguno de ellos volteó, ni reaccionó siquiera. Estaban perdidos, distraídos, ensimismados.
Pero no eran ellos los perdidos sino ella misma, la mujer joven no sabía a dónde ir y nadie parecía querer ayudarla. Anchas lágrimas comenzaron a derramarse de sus ojos, desesperadas por caer al vacío, comenzó a sollozar con fuerza, agarrándose el pecho que se desarmaba en pequeños espasmos. Pero nadie volteó, nadie la miró siquiera.
Se sentó en el cemento, abrazándose las piernas, decorando la tela de jean con oscuros garabatos, productos de su dolor. Intento calmarse, callar el sentimiento, aunque no tuvo la fuerza. Necesitaba un par de brazos que la sostuvieran esa noche, un oído que la escuchara, alguna palabra de aliento.
Pero aunque lloró acongojada durante largos minutos, durante horas, durante años, ninguno de sus afectos se acercó ni la miró siquiera. Ni su madre, ni sus hermanos, ni sus familiares lejanos, ni todos los hombres y mujeres a las que amó. Ni siquiera los que amará. Todos estaban con sus cosas, perdidos, distraídos, ensimismados.
Comentarios
Publicar un comentario