Mientras la cabeza me da vueltas y el corazón rebota como loco en el pecho me siento y pienso. Me encierro en lo intrincando de mi cabeza para calmarme. Para calmarlos. Me encierro porque mi primer impulso es preguntarte, pero te pregunto y me mentís. Y me decís que no, que nada que ver, que estoy demente. Y yo te creo. Pero repaso quién fui, quiénes fuimos y tengo razón. Dónde antes había atención, hoy solo me encuentro con silencios. Dónde antes había intención, hoy solo me encuentro con excusas. Dónde antes sonreías solo con saber que existo hoy soy un completo fastidio. Pero si te pregunto y me mentís. Y me decís que no, que estoy demente. Pero repaso cómo fui, cómo fuimos. Pero repaso qué fui, qué fuimos. Quién y cuándo. Y tengo razón. Y aunque no entiendo, en qué momento te aburriste, en qué momento cambié para vos o por qué no me lo dijiste. Te aburriste, cambié y no me lo dijiste. Pero al menos tenía razón, y no. No estoy demente.